fbpx
Seleccionar página

El verano es mi estación favorita, no sólo por el clima cálido sino por la abundancia de frutas y verduras frescas. Es una época en la que podemos conectar con la naturaleza y disfrutar del tiempo que pasamos al aire libre. Algunos hemos tenido la suerte de viajar y explorar nuevas tierras, o simplemente de pasar tiempo de calidad en casa con amigos disfrutando de las largas tardes de verano. Para los que vivimos en climas más fríos, el verano también puede ser la época perfecta para darnos el primer chapuzón en el mar, visitar nuestra piscina local o explorar nuestro lugar de baño favorito. Nuestra conexión con el agua no sólo es importante por sus beneficios para la salud física, sino que también puede repercutir positivamente en nuestro bienestar mental. 

El objetivo, sea cual sea la estación del año, es vivir con la mayor vitalidad y energía posible, durante el mayor tiempo posible. Pero, ¿por dónde empezamos cuando no nos sentimos bien?

 

Vivimos en un entorno muy poco natural, trabajamos demasiado, desconectamos muy poco y los mercados están llenos de alimentos muy procesados. La gente está cada día más enferma no solo físicamente sino también mentalmente, y ¿adivina qué? Comer demasiado azúcar no es tu culpa. Los azúcares refinados y de poca calidad están disponibles y son accesibles en todas partes, nuestros cuerpos están abrumados por ello y es el principal impulsor de la mortalidad en todo el mundo. La disfunción del azúcar en sangre se ha relacionado con la depresión y el suicidio y puede impedir directamente que nuestras células inmunitarias hagan su trabajo.

El mundo moderno está lleno de desafíos, las industrias alimentarias y farmacéuticas, entre otras, nos bombardean constantemente con productos que pueden afectar negativamente a nuestra salud. Sacar a la luz mi revista sobre salud y bienestar Wholetalk fue un esfuerzo enorme, pero cuanto más comprendía que muchos de nuestros problemas pueden aliviarse mediante cambios en la dieta y el estilo de vida, más segura me sentía de estar en el camino correcto. La curación comienza cuando empezamos a entender nuestro propio cuerpo, lo que comemos, cómo afrontamos las situaciones de estrés, el tipo de ejercicio que necesitamos y cómo apoyamos nuestro microbioma. Tendemos a confundir lo conocido con lo correcto, pero esto no siempre es así. A veces hace falta un poco de coraje, un poco de empuje para que los pequeños cambios saludables sustituyan a los viejos hábitos.

 

Para algunos, la vuelta de las vacaciones de verano puede ser un momento perfecto para establecer una nueva rutina. Cuando los hábitos más saludables forman parte de tu ritmo de vida diario, nos resulta más fácil adaptarnos. No se trata de ser perfecto todo el tiempo, sino de poder volver a nuestros hábitos de manera orgánica  y encontrar confort en ellos. 

En mi caso, me gusta volver a casa y restablecer mis buenos hábitos: Beber agua tibia con limón al despertarme – algo tan fácil, pero que durante el verano, a veces, no soy capaz de hacer-, llenar la nevera de alimentos saludables y planear las comidas de los próximos días tratando de evitar las comidas fuera. Cocinar comidas que incluyan mucha fibra (como vegetales y frutas), moverme 30 minutos al día como mínimo y establecer las horas en las que me despierto y me acuesto. Al fin y al cabo a nuestro cuerpo le gusta la simplicidad y repetición. 

Aunque lo ideal es que cada persona se alimente según su constitución y edad, es posible establecer algunas pautas universales sobre lo que constituye una dieta y estilo de vida saludable: 

  • La primera parte a ajustar en nuestra dieta que no tiene nada que ver con la comida es el agua. Constituye el mayor porcentaje de nuestro peso corporal y tiene un tremendo impacto en la salud en términos de pérdida de peso, hidratación de la piel y niveles de energía. Si no bebes suficiente agua, te sentirás cansado, débil, confuso e incluso deprimido. Además, nuestro cuerpo suele confundir la sed con el hambre. Si te entran ganas de picar entre horas, bebe un vaso de agua grande y espera 20 minutos, es posible que esa sensación de hambre desaparezca. Por todo esto trata de beber al menos 2 litros de agua diarios, aumentando tal cantidad si estás en climas muy cálidos o has hecho ejercicio. 
  • Después del agua, la parte más importante es establecer cómo debe ser nuestra dieta:
    • Verduras y frutas:  40-60%
    • Cereales: 20-40%
    • Legumbres, lácteos, carnes y frutos secos: 10-20%

 

La calidad es importante. Consume una gran variedad de alimentos integrales cultivados de forma orgánica y sin pesticidas, carnes y pescados silvestres alimentados con pasto y lácteos no pasteurizados. Invertir en esto es invertir en tu salud y en la salud de nuestro planeta. 

  • Evita los alimentos fritos, procesados y grasientos, el azúcar, el alcohol, los refrescos y los cigarrillos.
  • Come alimentos de temporada y que crezcan localmente, sé curioso e intuitivo, busca mercados de agricultores cerca de ti, pregúntales qué es de temporada, qué se produce localmente y planifique las comidas en torno a ello.
  • Haz al menos 30 minutos de ejercicio al día, cualquiera que te sirva para moverte y establecer una buena rutina (bailar, correr, caminar, yoga…) Sin embargo, escucha a tu cuerpo, habrá días en los que te sientas lleno de energía y fuerza y otros días necesitarás conservar esa energía, descansar y dar un paso atrás. Ambos son buenos a partes iguales. 

 

Feliz vuelta a casa, 

Esperanza de la Fuente. 

Nutricionista y experta en salud y bienestar. Tras más de diez años trabajando en el mundo de la moda, Esperanza quedó fascinada por el alcance que podía tener la alimentación si se aplicaba como terapia para la sanación y la prevención de enfermedades.